¿Cómo acabar con la obsolescencia programada?

¿Cómo acabar con la obsolescencia programada?

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La obsolescencia programada hace referencia a la voluntad expresa de dotar de un fin de vida útil a un producto. Este fenómeno explica que nuestros dispositivos o electrodomésticos se estropeen justo después de que se acabe su garantía.

Vivimos en una sociedad donde las tendencias de consumo se enfocan en crear nuevas necesidades a través de la publicidad, las facilidades de pago y la obsolescencia programada o vida útil limitada de los productos. Estas tendencias se traducen en aceleradoras artificiales de consumo, generando basura eléctrica y electrónica y un gran agujero en el bolsillo de consumidor.

El concepto de obsolescencia programada se aplicó por primera vez en 1881, cuando Edison puso a la venta una bombillas con una vida útil muy larga. De hecho, en la actualidad una de las bombillas de Edison lleva encendida más de 114 años. A casa de la bombilla de Edison, los fabricantes decidieron reunirse en los años 20, creando “Comité de 1.500 horas”, con el objetivo de que ninguna bombilla pudiese superar las mil horas. Es en este contexto cuando los empresarios deciden agruparse para acortar la vida útil de los productos y aumentar las ventas, naciendo así la obsolescencia programada.

Existen dos tipos de obsolescencia programada: la objetiva o funcional, que se basa en la vida útil o duración real del producto, que ha sido previamente planificada; y la subjetiva o no funcional, relacionada con el marketing, en la que el producto sigue siendo útil pero el propietario quiere renovarlo por uno más reciente o atractivo.

Contra esta práctica, el consumidor puede tomar diferentes medidas. La primera, sería introducir el término reparación en su vocabulario, término que muchos fabricantes han intentado hacer que desaparezca, promocionando un producto similar y añadiéndole alguna característica más para que el consumidor desista de la reparación y adquiera un nuevo producto. Hay múltiples servicios técnicos que pueden ayudarte a reparar tu producto, debes escoger cautelosamente el que te ofrezca una mejor relación calidad-precio. Por ejemplo, para reparar mi iPhone utilicé el Servicio Técnico Apple, y un año después mi Smartphone sigue como nuevo.

La segunda medida que el consumidor puede tomar, es la de elegir a fabricantes con responsabilidad social corporativa o empresarial, aquellos que se enfocan en la calidad y durabilidad del producto, en detrimento de los que fabrican deliberadamente para no durar y que utilizan materiales de inferior calidad, que reducen el tiempo de desarrollo del producto y menguan los esfuerzos para inspeccionar tanto el producto como su proceso productivo.

El tema de la obsolescencia programada es complejo para los propios fabricantes, ya que por un lado ha sido el motor secreto de desarrollo de las economías de mercado, al generar avances de la tecnología y puestos de trabajo; pero por otro lado, ha generado costos sociales que son irreversibles, como lo es la pérdida de confianza por parte del consumidor en las marcas, viéndose su imagen corporativa profundamente dañada.

En definitiva, como consumidores está en nuestra mano apoyar a los fabricantes éticos para con nosotros – y con la naturaleza–. También es decisión nuestra alargar la vida de nuestros productos con una nueva cultura de reparación en lugar de recurrir al consumo irracional, dando así pequeños pasos hacia la destrucción de la obsolescencia programada.

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